Mi ruta hacia la Antártida, el continente de los sonidos.

El comienzo.
 
Yo no lo sabía, pero el día 16 de enero de 2003, no sería un día más como otro cualquiera en mi vida. En aquel día típico de verano uruguayo, apreté la tecla REC de un grabador. Con ese simple movimiento de mi dedo índice, mi vida dio un giro de 180 grados que modificaría completamente mis objetivos. Eso porque no era una tecla más, en mi mano derecha tenía un micrófono y frente a mí, un martín pescador. Era la primera vez que yo grababa el canto de un ave. No tenía la mínima idea de las transformaciones que fueron provocadas en esa fracción de segundo. No sabía que, al apretar aquella tecla, mi vida cambiaría para siempre.

Doce años después, grabar los sonidos de la naturaleza se convirtió en mi principal actividad de trabajo. A través de estas grabaciones, comparto experiencias, vivencias e historias en varios cursos y conferencias que imparto. No existe sensación más reconfortante que dividir el conocimiento de aquello de lo que tanto me gusta.

No obstante, más que un trabajo, considero la captación de los sonidos de la naturaleza un arte. Para mí son como fotografías, pero al contrario de las que las que se obtienen con una cámara, las mías son dinámicas. El pájaro puede estar cantando, moviendo las alas, haciendo ruido con el pico; todos esos detalles serán meticulosamente registrados para siempre. Únicamente apenas apretando una tecla. 

Tal vez por ser ciego de nacimiento yo tenga desarrollado una sensibilidad mayor hacia los sonidos que están a mi alrededor. También tuve una buena educación musical, lo que hace que utilice el sentido auditivo de forma más específica e intensa. Mi mundo es construído por sonidos y una cosa lleva a la otra. La música que la naturaleza crea diariamente en cualquier lugar es digna de un compositor de primera línea como Chopin o Mozart. No significa que una persona que vea no está apta a desarrollar la misma sensibilidad. Posiblemente sea más difícil, al fin y al cabo, el sentido de la vista, en ocasiones, actúa como un limitador de los otros sentidos.

Brasil.

Mi padre tuvo una oportunidad de trabajo en Brasil y así fue como en 2005 una etapa fundamental en el desarrollo de mi carrera comenzó. Emigrar nuca es fácil, ni siquiera cuando el destino es un país vecino. En mayo de aquel año nos mudamos para la ciudad de Campinas, en el estado de San Pablo. Ciudad desconocida, idioma y costumbres desconocidos, gente desconocida. Sin embargo, una gran oportunidad me aguardaba. El ya fallecido profesor Jacques Vielliard me abrió las puertas del Archivo Sonoro Neotropical en la universidad estatal de Campinas UNICAMP sin restricciones, para que yo pudiera estudiar. Tuve el privilegio de aprender con de las más importantes referencias en grabación de sonidos de la naturaleza, y eso no tiene precio.

En 2006 me enteré por casualidad que ocurriría un evento en la ciudad de San Pablo, el cual reuniría observadores de aves (Avistar Brasil), fue cuando conocí a Guto Carvalho, organizador del evento y una de las principales referencias de la actividad en Brasil. Yo ni me hacía a la idea de que algunos años más tarde, sería invitado como conferencista e instructor en varias ediciones nacionales y regionales de este congreso en el que hice muchos amigos que me abrieron varias puertas.

En 2014 fui seleccionado por National Geographic para representar al Uruguay en el concurso de talentos Super Cerebros. Vencer esta competencia me brindó oportunidades que yo no podría haber imaginado antes: conferencias en diversos países de la región, cursos de sonidos, así como apretar esa tecla REC en lugares soñados. Por estos motivos, considero que mi larga jornada en Brasil, uno de los pilares que provocaron mi consolidación en esta área. Naturalmente que el apoyo incondicional de mi padre fue el factor principal para que continúe sin nunca bajar los brazos.

Tuve apenas un sueño que no conseguí realizar: recibirme en la carrera de Biología. Lamentablemente, aún hoy hay muchos prejuicios y falta de voluntad en viabilizar que las personas ciegas pueda tener más opciones a la hora de profesionalizarse. En Brasil y en latinoamérica, las oportunidades profesionales se limitan prácticamente a cursos de humanidades.

Nos imponen límites, pero en realidad los limitados son ellos, y no se nos permite alcanzar un diploma en el área del conocimiento que tenemos vocación.

Antártida.

La primera vez que de hecho entendí lo que es la Antártida ocurrió cuando leí el "Diario de Scott". Las descripciones de belleza y desgracia, aventura e infortunio, vida y muerte, alegría y tristeza plasmadas en cada página, me mostraron lo que realmente era el continente blanco. Entonces, después que vencí Super Cerebros, escribí un proyecto al Instituto Antártico Uruguayo proponiendo un trabajo relacionado con la grabación de sonidos en esas latitudes. Esto porque no tenía condiciones de visitar dicho lugar como turista, porque además de ser un viaje caro, no atendía los requisitos necesarios para llevar el trabajo a buen puerto.

Fue una satisfacción inmensa que el proyecto haya tenido el visto bueno y por tanto, recibir la invitación para realizar la expedición.

El objetivo del trabajo era registrar todas las manifestaciones sonoras posibles. Desde el viento que hace flamear la bandera uruguaya en el mástil de la base, hasta la suave gota de agua del deshielo. En ese abanico, también registré las colonias de pingüinos, petreles, focas, icebergs derritiéndose, hielo partiéndose, el sonido de la nieve. Para este trabajo, use dos grabadores y por lo menos una docena de micrófonos, estructuras para atenuar el viento y reflector parabólico para captar sonidos a grandes distancias. Uno de los micrófonos fue adaptado por el fabricante para tener un buen rendimiento en condiciones tan extremas. Este tipo de tecnología fue fundamental cuando estuve grabando focas a -25C.

Mi padre me acompañó en esta campaña, yo con mis micrófonos y él con su cámara, registrando cada movimiento. Durante la expedición nuestra casa fue la Base Científica Antártica Artigas localizada en la Isla Rey Jorge, en el archipiélago de las islas Shetland del sur, en el paralelo 62. Llegamos el 3 de diciembre de 2015, la naturaleza nos recepcionó con vientos de 70 kilómetros por hora y una temperatura de -25C. En la estación del año en que estuvimos, no había noche, eran 24 horas de luz natural. Decíamos hasta mañana a las 11 de la ‘noche’ y al salir en dirección a los dormitorios, la luz del día se parecía como estar a media tarde. Solamente pisando aquel lugar da para comprender.

Cada día era planeado con cautela dado que el clima allí es muy cambiante. Una mañana de cielo azul (raridad absoluta) podía transformarse rápidamente en una nevada o un viento que parecía que iba a romperte los huesos. Por ese motivo, al alejarse de la base era siempre íbamos con un radio para establecer comunicación y en situaciones más complicadas, como el camino hacia el estrecho de Drake, fuimos guiados por un miembro de la dotación de la base que ya tenía conocimiento previo del lugar a explorar. No hubiera sido una buena sensación pisar en alguna placa de hielo inestable y que esta se rompa bajo nuestros pies….

No fue una campaña fácil. Las largas caminatas sobre nieve blanda en ocasiones hasta más arriba de las rodillas, fueron un gran desafío. Es imposible siquiera compararlo con lo que es una jornada en el bosque tropical. Al caminar por la nieve nunca se sabe si en el siguiente paso, vas a estar enterrado hasta la cintura, como me pasó, o lo que se se siente cuando es sobre el hielo que se camina y escuchar los chasquidos y pensar, se va a romper o no? Fueron desafíos maravillosos de ser vividos. Naturalmente que no es para todos, es necesaria una buena dosis de paciencia, buen humor y estar listo para cualquier imprevisto.

La Antártida no es un continente tan rico en fauna si lo comparo a la exuberancia del Bosque Atlántico. No obstante,  los sonidos que encontré eran absolutamente diferentes de todo lo que había escuchado antes. El susurro de las alas del Petrel de Wilson, el sonido intenso de comunicación de los pingüinos de Barbijo, además de la impresionante vocalización del elefante marino. 

Hoy en día yo prefiero calidad a cantidad. Realmente me es indiferente el número de especies. Gano más grabando un único sonido durante más tiempo que estar a la búsqueda compulsiva de una variedad más abarcativa. Es preferible tener diez registros de altísima calidad que 50 de calidad aceptable.

El paisaje sonoro en aquellas latitudes era increíble. Esto porque la Antártida es música. El hielo habla, el mar habla, la nieve habla, solamente es saber escuchar. Pero lamentablemente la contaminación sonora producida por el hombre ya llegó hasta allí: lanchas patrulleras, aviones y helicópteros. No es algo que pasa a todo momento, sin embargo, cuando se viaja para tan lejos uno se torna mas intolerante para con esos ruidos. 

Es imposible transformar en palabras la gran felicidad que sentí al grabar el elefante marino, después de una muy dura caminata hasta la colonia y, al regresar a la base, escuchar el registro y realmente sentir que los 10 segundos que duró, valieron por los diez kilómetros de ida y vuelta.

Por otra parte, también tuve una sensación un tanto desagradable; al final de la campaña, al darme cuenta de cuanto estamos destruyéndolo todo a nuestro alrededor sin medir las consecuencias. La colonia de pingüinos que registré es una de las mas contaminadas de la Antártida por metales pesados. Parece que todo lugar al cual llegamos, dejamos nuestra huella negativa. Una pena. Cuando pisé el continente blanco, no tuve la típica reacción de conquista, al estilo "llegué, finalmente estoy acá", si tuve la sensación de estar profanando algo que no nos pertenece. Cada sonido que grabé, quiero creer que fue un regalo de la naturaleza antártica. 

Fueron 53 días de magia, esfuerzo, agradecimientos, regalos y experiencias inolvidables. Igualmente, la Antártida necesita ser resguardad. Es un continente sensible a cualquier tipo de actividad. Por ahora está a salvo por el protocolo de Madrid, pero temo que cerca a su fecha de vencimiento, la Antártida tristemente será protagonista de los más oscuros designios.

Mi trabajo es puramente artístico. Entretanto, sigo algunas directrices de la universidad de Cornell para catalogar las grabaciones en la Macaulay library, principal repositorio online de sonidos de la naturaleza.

Es de esta forma que el arte de grabar en la naturaleza es el camino para la divulgación y por ende, el mostrarle al público las maravillas que nos rodean desde otro ángulo. Arte y conservación juntos por medio del canto de un ave, el sonido de una cascada, del hielo derritiéndose.

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